5. LAS POLÍTICAS DE IGUALDAD Y SUS ESTRATEGIAS

6. Para completar

LAS CUOTAS Y LA PARIDAD

Una de las medidas más controvertidas de las acciones específicas es el tema de las cuotas y la paridad.

Muchas personas cuestionan que sea necesario plantear un sistema de cuotas para que hombres y mujeres estén representados en los puestos de responsabilidad ya que creen que si un hombre y una mujer tienen una trayectoria y conocimientos similares, lo normal es que tengan las mismas oportunidades y por lo tanto serán elegidos en igualdad. Nuevamente nos encontramos con que garantizar el mismo acceso a las oportunidades no garantiza los mismos resultados.

En todas las organizaciones existe el denominado “techo de cristal”, un conjunto de reglas no escritas, más importantes que las escritas, que configuran la cultura de la organización creando barreras que dificultan el acceso a todos los ámbitos y niveles. No puede ser posible que tal cantidad de mujeres opten voluntariamente por no desarrollar su carrera profesional en altos cargos de dirección o liderazgo político o que no estén capacitadas para desempeñar estos puestos.

Si las mujeres son la mitad de la humanidad, también son la mitad del talento. Para verificarlo, basta con mirar las estadísticas de mujeres licenciadas y que cursan brillantemente estudios de postgrado y especialización o con una amplia trayectoria política.

Los efectos del techo de cristal son patentes: es como si realmente existiera una barrera invisible sobre las cabezas femeninas en una pirámide jerárquica, barrera que no puede traspasarse mediante esfuerzos individuales. Los tramos bajos están feminizados y los superiores son masculinos, así sea en el sistema de enseñanza, de administración, de justicia, bancario, colegios profesionales, etc.

Por esta razón, en las políticas de igualdad se definieron dos conceptos importantes:

- Cuotas

Hay que tener en cuenta que durante mucho tiempo el bajo número de mujeres en los órganos de decisión política, asambleas legislativas y gobiernos se entendió como un problema de las mujeres, como una carencia de aspiraciones a ocupar puestos políticos, que debía llevar a la realización práctica del principio de igualdad entre hombres y mujeres.

El partido socialista popular danés fue probablemente el primero que introdujo las cuotas en la década de los 70, especificando que cada uno de los sexos tenía que estar representado con al menos un 40 por ciento de los candidatos electorales.

Las cuotas han resultado una estrategia muy útil para incrementar la presencia de mujeres en los parlamentos y otras instancias de poder político. Esta medida no ha estado exenta de críticas y de obstáculos y se ha introducido, bien por vía legal, bien por vía de las normas internas de los partidos políticos.

La adopción por un partido del sistema de cuotas ha producido un efecto “bola de nieve” que ha arrastrado incluso a los que se declaraban contrarios al mecanismo —y que lo rechazaban formalmente—, a incluir más mujeres en sus listas.

El debate sobre las cuotas ha supuesto que se pusiera públicamente en evidencia la existencia de la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito del poder político y la necesidad de adoptar soluciones prácticas para el problema.

- Paridad

El término y la idea misma de la democracia paritaria es muy reciente y supone un punto de inflexión fundamental en la argumentación legitimatoria de la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisión política y, por lo tanto, en las instancias donde se toman estas decisiones: parlamentos y gobiernos.

Hasta finales de los años 80, la escasa participación de las mujeres en estas instancias se veía, como ya hemos mencionado, como una carencia de igualdad. A partir de la elaboración del concepto de cuota, se pone el énfasis en las carencias de una democracia que se desarrolla sin la participación activa del 50 por ciento de los ciudadanos.

Es verdad que las mujeres tienen un problema, porque están excluidas de las decisiones que les afectan, pero también la democracia tiene un problema, ya que la exclusión persistente de las mujeres del terreno político constituye un fracaso conceptual y práctico de la democracia representativa. La sociedad no puede prescindir del talento, la energía y la dedicación de la mitad de la población. Este cambio de óptica es fundamental.

Los primeros antecedentes del término paridad, los encontramos en un seminario organizado por el Consejo de Europa en 1989 con el título “La democracia paritaria. 40 años de actividad del Consejo de Europa”.

Es en 1992, en la Declaración Final de la Primera Cumbre Europea "Mujeres en el Poder", celebrada en Atenas, bajo los auspicios de la Comisión Europea y con la participación de ministras, primeras ministras y mujeres ilustres en los distintos ámbitos de actividad social, donde se contiene de forma clara y precisa la justificación de lo que llamamos "la democracia paritaria".

La Declaración comienza constatando que:

“La situación de las mujeres en la toma de decisión política sigue caracterizada por una profunda desigualdad en todas las instancias y que la participación de las mujeres en la toma de decisión no ha mejorado en algunos países desde los años 70.”

A partir de estos hechos, el documento contiene afirmaciones muy interesantes como:

  • "Las mujeres constituyen la mitad de las inteligencias y de las capacidades potenciales de la humanidad y su infra-representación en los puestos de decisión constituye una pérdida para el conjunto de la sociedad".

  • "Una participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones puede generar ideas, valores y comportamientos diferentes que vayan en la dirección de un mundo más justo y más equilibrado, tanto para las mujeres, como para los hombres".

  • "La ausencia de las mujeres es un déficit democrático incompatible con una verdadera democracia. Este déficit sólo puede ser superado con un reparto más justo de las responsabilidades públicas y privadas y una presencia más equilibrada de hombres y mujeres en los órganos de decisión política".

En Atenas también se define y conceptualiza el objetivo para superar esta situación: la democracia paritaria implicaría una representación equilibrada de hombres y mujeres del 60/40, o lo que es lo mismo, que ninguno de los dos sexos supere en representación el 60 por ciento.

También Naciones Unidas, en la Conferencia Mundial sobre la mujer de Beijing, en septiembre de 1995, se unió de manera inequívoca a las fuerzas que propugnaban una igual participación de las mujeres en todos los ámbitos de decisión como una condición necesaria para el logro del desarrollo y la paz, en términos claros y concluyentes:

"...la participación igualatoria de la mujer en la adopción de decisiones, no sólo es una exigencia básica de justicia o democracia, sino que puede considerarse una condición necesaria para que se tengan en cuenta los intereses de la mujer. Sin la participación activa de la mujer y la incorporación de su punto de vista a todos los niveles del proceso de adopción de decisiones, no se podrán conseguir los objetivos de igualdad, desarrollo y paz."

La Declaración de Atenas (1992) y la Plataforma de Acción de Beijing (1995) constituyen, sin duda, referentes claves en la conceptualización y en las propuestas sobre participación de las mujeres en la toma de decisiones y el poder político. La Declaración de Atenas definió la situación existente de “desigualdad profunda en todas las instancias y organismos públicos y políticos a todos los niveles —local, regional, nacional y europeo—” como una situación de déficit democrático, en la que el acceso a los derechos políticos formales no conduce a la igualdad en la práctica.